Antes de lo que cree casi todo el mundo, y con material mucho más fácil del que suelen elegir. El error no es leer demasiado pronto: es leer algo cuatro niveles por encima y concluir que no estás preparado.
Empieza en cuanto tengas unos cientos de palabras
No hace falta entenderlo todo. Hace falta entender lo suficiente para que la historia tire de ti, y eso llega en pocos meses para la mayoría. Leer a esa altura hace algo que ningún curso hace: te enseña las mismas palabras una y otra vez en frases distintas, que es exactamente como dejan de ser frágiles.
La prueba de una página
Abre cualquier página y cuenta las palabras que no conoces. Más de cinco o seis por párrafo y el libro te agotará antes de enseñarte nada. Los libros infantiles no son la solución: están llenos de animales raros y palabras inventadas. Funcionan mejor las lecturas graduadas, libros traducidos que ya conoces y noticias escritas para estudiantes.
Deja de buscar todas las palabras
Buscarlo todo convierte la lectura en descifrado y mata el ritmo que la hace funcionar. Busca una palabra solo cuando bloquee la frase o cuando ya la hayas visto tres veces. Lo demás lo dejas pasar. Volverá, y en el segundo o tercer encuentro el significado llega gratis.
Relee en vez de seguir avanzando
Leer el mismo capítulo dos veces vale más que dos capítulos nuevos. La segunda pasada es casi sin esfuerzo, y esa soltura es justo lo que intentas construir. Un libro corto leído tres veces enseña más que tres libros leídos una vez.
Elige algo un poco demasiado fácil, léelo rápido y deja pasar las palabras desconocidas. Esa es la versión de la lectura que de verdad te hace mejorar.