Español de España o de México. Portugués de Portugal o de Brasil. Árabe estándar o un dialecto hablado. La pregunta bloquea a muchos principiantes y, en casi todos los idiomas, importa mucho menos de lo que parece.
En casi todos los idiomas vale cualquier variedad
Quien aprendió español de México será entendido perfectamente en Madrid. Las diferencias son de vocabulario, algo de pronunciación y un par de formas verbales: se notan, pero nunca son una barrera. Empieza por la variedad que usen tu material y tus contactos, y adáptate después. Adaptarse es cuestión de semanas; elegir mal no es un riesgo real.
El árabe es la excepción de verdad
El árabe estándar es la lengua de la escritura, los informativos y el discurso formal, y nadie lo habla en casa. Las variedades habladas difieren lo bastante como para que elegir importe desde el principio. Si tienes un país concreto en mente, aprende ese dialecto para hablar y el estándar para leer. Si no lo tienes, el egipcio y el levantino son los puntos de partida más comprendidos.
Deja que decida tu motivo
Si aprendes por un lugar, aprende la versión de ese lugar, con su jerga y la forma en que allí se saluda la gente de verdad. Es el camino más rápido a que te traten como alguien que hace un esfuerzo. Si no tienes un lugar concreto, coge la forma estándar. Es lo que enseñan casi todos los cursos, aparece en casi todo el material escrito y se entiende en todas partes.
No mezcles a propósito, pero tampoco te agobies
Hablar una mezcla de variedades resulta un poco curioso, no un problema. Te marca como estudiante, que es lo que eres, y a nadie le molesta. Lo que sí conviene evitar es cambiar constantemente de material de escucha al principio. Un solo acento en el oído los primeros meses construye reconocimiento más rápido.
Elige la variedad más cercana al motivo por el que aprendes y deja de darle vueltas. Salvo en árabe, esta decisión es mucho más fácil de cambiar después de lo que parece ahora.