Aprender un idioma junto a tus hijos

Aprender con tus hijos suena a proyecto común y funciona mejor si lo tratas como dos proyectos separados. Tú necesitas estructura y explicación; ellos, repetición y juego, y te van a adelantar en pronunciación en cuestión de meses.

No estáis en la misma carrera

Los niños absorben sonido y ritmo sin esfuerzo y construyen vocabulario despacio. Los adultos hacen lo contrario. Esperar avanzar al mismo ritmo os hace sentir mal a los dos por algo que cada uno está haciendo bien. Mide tu progreso contra tu propio mes anterior, no contra la criatura de cinco años que ahora se ríe de tus vocales.

Engancha el idioma a momentos fijos

Elige dos momentos diarios —el desayuno y el camino al colegio, o el baño y la vuelta a casa— y haz esos en el idioma, todos los días, por mal que salga. Lo que lo hace sobrevivir es la previsibilidad. Un plan abierto de hablar el idioma «más» desaparece en quince días en cualquier casa.

Usa el material de ellos, no el tuyo

Los libros ilustrados, los dibujos animados y las canciones están justo en el nivel de vocabulario que necesita un adulto principiante, y repiten sin piedad. No hay mejor material para empezar, y puedes usarlo sin vergüenza. Lee el mismo libro en voz alta veinte veces. Lo vais a aprender los dos, que es de lo que se trata.

Deja que te corrijan

A los niños les encanta pillar a un adulto, y eso convierte tus errores en un juego en vez de en una frustración. Además les hace escuchar con más atención que cualquier ejercicio. El trato merece la pena: tú obtienes corrección, ellos obtienen autoridad, y ninguno se aburre.

Llévalo como dos proyectos paralelos con momentos compartidos. Ellos acabarán con mejor pronunciación y tú con mejor gramática, y ese es exactamente el resultado correcto.

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