Las canciones son el método de estudio más popular y el que menos progreso medible produce. No porque la música sea inútil, sino porque casi todo el mundo la usa como ruido de fondo y espera que funcione como una clase.
Lo que la música sí te da
Ritmo, patrones de acentuación y el sonido del idioma a velocidad natural. Las letras se quedan en la memoria como nunca se quedan las frases de un libro, y aguantan años. Es también la forma más barata de mantener el idioma en tus oídos los días en que no te vas a sentar a estudiar nada.
Lo que no va a hacer
Las canciones tuercen el orden de las palabras, se comen palabras para que cuadre la métrica y usan vocabulario que nadie dice en voz alta. Una frase aprendida de una letra es, bastante a menudo, una que no deberías repetir en una conversación. Escuchar de fondo mientras haces otra cosa no enseña casi nada. El tema tiene que estar en tu atención, no detrás de ella.
Usa una canción, no una lista
Elige un solo tema y trabájalo: escucha una vez, lee la letra, escucha otra vez leyendo, y luego escucha sin ella. Cuatro pasadas a una canción valen más que una hora en aleatorio. Después canta. Cantar obliga a tu boca a recorrer los sonidos a velocidad, que es justo lo que la escucha pasiva no te da.
Elige lento, claro y moderno
Las baladas y el hip-hop con dicción clara sirven; la producción cargada, los gritos y las grabaciones antiguas no. Si no puedes separar las palabras, no es un texto de estudio, por mucho que te guste. Las traducciones de canciones que ya conoces en tu idioma son un buen atajo: ya tienes el significado, así que las palabras se enganchan al momento.
La música es excelente para el oído, el ritmo y la memoria, y mala para la gramática y el uso. Trabaja bien una canción y deja la lista de reproducción para hacerte compañía.