Puedes hablar de tu trabajo y seguir una película, y entonces alguien dice un precio y te pierdes. Los números se aprenden la primera semana y siguen siendo un punto débil durante años, y no es porque se te hayan olvidado.
Reconocer no es descodificar a velocidad
Te sabes las palabras. El problema es que un precio llega como una ráfaga rápida, a menudo con moneda y decimales, y tienes que convertirlo mientras la conversación sigue. Además los números rara vez traen contexto que repare un hueco. Si pierdes una palabra en una frase, el resto de la frase te dice cuál era; si pierdes un dígito, no lo hace nada.
Algunos idiomas lo complican estructuralmente
Varios idiomas europeos dicen las unidades antes que las decenas, así que no puedes empezar a construir el número hasta que llega la palabra entera. Otros se apoyan en el veinte, o en la decena de millar en vez del millón. No es señal de que se te dé mal el idioma. Es una operación extra que tu lengua materna nunca te obligó a hacer.
Practícalos desordenados y rápido
Contar del uno al cien te enseña una secuencia, no reconocimiento. Usa números aleatorios: precios, teléfonos, años, horas, cantidades, dichos deprisa. Que alguien te lea una lista a ritmo natural mientras tú escribes cifras. Diez minutos de esto valen más que cualquier cantidad de contar.
Aprende también las fórmulas de reparación
Vas a oír mal los números durante mucho tiempo, así que aprende a comprobar sin romper la conversación: perdona, ¿cuánto?, ¿has dicho quince o cincuenta?, ¿me lo escribes? Preguntar es normal, y confirmar un número es algo que los nativos hacen entre ellos constantemente.
Trata los números como una habilidad aparte y dales sus diez minutos. Es el trozo de práctica más pequeño con el retorno más evidente en situaciones reales.