El audio de tu curso es claro y lo sigues sin esfuerzo. Luego una persona real dice lo mismo y te llega como un solo sonido largo. No habla mucho más rápido que la grabación: habla distinto.
Las palabras dejan de tener bordes
El audio de curso pronuncia cada palabra como si estuviera sola. El habla real las encadena: el final de una toma prestado el principio de la siguiente, las vocales átonas se reducen a casi nada y desaparecen sílabas enteras. Así que el problema casi nunca es la velocidad. Es que las formas que memorizaste, las versiones cuidadas y aisladas, no aparecen nunca en la vida real.
Entrena a propósito con la versión desordenada
Escucha los mismos treinta segundos de habla natural cuatro o cinco veces. Primero para captar la idea, luego para marcar dónde acaba cada frase, luego para cazar las palabras que se te escaparon. La cuarta pasada suele encajar de golpe. Después lee la transcripción y vuelve a escuchar. La distancia entre lo que oíste y lo que se dijo de verdad es exactamente lo que estás aprendiendo.
Dilo tú también a la manera rápida
Producir las formas reducidas enseña a tu oído a esperarlas. Imita una frase corta a velocidad plena, encadenando las palabras como lo hizo el hablante, en vez de pronunciar cada una correcta y por separado. Al principio se siente descuidado y equivocado. No es ni lo uno ni lo otro: así suena el idioma de verdad.
No necesitas descodificar más rápido. Necesitas aprender las formas que usa el habla real, y la única entrada es el contacto repetido con la versión sin editar.